La senda de Camiles-trekking por pirineos


29 de Julio 2014

Ayer acabé la Seda de Camille, es una excursión circular por los pirineos occidentales con un desnivel cada día cercano a los 1.000 m que se hacen en unas 7-8 horas andando. No está demasiada bien señalizada así que hay que saber leer mapas y moverse por la montaña. Así que en una semana haces 7.000 m de desnivel y en mi caso unos 120 km.
Mi experiencia fue en solitario, en modalidad clásica (sin GPS) usando la brújula de cuando era niño (marca Suunto, de hace 32 años) y el mapa 1:25.000. Con una mochila de unos 10-12 Kg para ir ligero y un equipaje ajustado, suficiente para ir durmiendo en refugios (cama, comida y ducha) comprando comida por el camino.
Para mí ha sido una aventura excepcional, los parajes son de los más bellos y la naturaleza es bastante salvaje en esta zona, hay Oso pardo, que es un indicador de calidad ecológica. Además me ha permitido estar sólo por el bosque ya que me he cruzado con muy poca gente ( un día solo 4 personas!!!) y disfrutar como hacía mucho tiempo de la naturaleza.
Como salía el primero y caminaba a buen ritmo, he visto algunas escenas espectaculares como un grupo de 20 buitres que se daban un festín con una vaca muerta, o como te miraba una manada de 20 rebecos con sus crías, cuando les sorprendes por la mañana en un prado alpino lleno de flores de colores. He podido disfrutar del elegante vuelo del quebrantahuesos, la fugaz visión de las ardillas o los silbidos de las marmotas cuando me acercaba a su guarida. También he conocido a un pastor francés que parecía salido del cuento de Asrterix a quien compré un trozo de queso que fabricaba en su cabaña, y a un pastor español trashumante que llevaba casi 2.000 ovejas, con quien tuve una interesante conversación sobre su modo de vida. He pasado neveros con pendientes que no impresionan con skies, pero cuando estas solo y vas con botas te tiemblan un poco las piernas a medida que vas haciendo huella, paso a paso. He visto como un collado de alta montaña, que crees imposible de cruzar y dudas de que sea el camino, se abre al acercarte con un sendero diminuto serpenteando entre las rocas, que te lleva hasta el otro lado.
Pero, como toda aventura, na ha salido perfecta, en Francia me perdí por confiarme en las señales y no mirar al mapa y fue penalizado con 400 m de desnivel extra. En la última etapa me volvió a pasar lo mismo, pero aquí conseguí recuperar el camino dando un rodeo, sin mas inconveniente que estar media hora andando campo a través en la incertidumbre. Un día estuvo lloviendo 16 horas seguidas pero la fortuna fue que comenzó cuando entre en el refugio y paso a las 2 horas de ir andando al día siguiente. Otro día dormimos en un refugio a 2000 m donde el fuego aliviaba los 11 grados de fuera (mientras en Barcelona hacía 30º) rodeados de niebla invernal.
La experiencia de viajar solo, como un explorador o un peregrino es lo que me ha parecido más espectacular, una experiencia casi espiritual. Cuando te cruzas a alguien no basta el saludo, te paras e intercambias información sobre la dirección, el camino, si hay fuentes y cuanto falta. En momentos con niebla o mal tiempo íbamos pegados al mapa y se agradecía mucho la información sobre el territorio.
Un viaje que te lleva a un tiempo en el que viajar era una aventura y que en el camino tenías que ir manejándote en la incertidumbre. Un viaje en el que la compañía de la naturaleza está siempre presente y los momentos con otro ser humano se valoran y aprecian de forma especial. Una experiencia que me parece muy recomendable que os animo. Yo espero repetir.
Una cosa más, la senda se denomina por el último Oso autóctono de estos valles, los de ahora son eslovenos repoblados, y a quien yo tuve cerca en dos ocasiones, una en 1979 (que yo salí por patas) y otra en 1985 que vimos su rastro en la nieve a una hora nuestra. El Oso es muy difícil de ver Pirineos, hay pocos están muy asustados, pero saber que esta por allí, que te puede estar mirando desde el bosque, ya es una muestra de que estas pisando naturaleza real.
Con mis mejores deseos.

Andrés Martín

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